viernes, 7 de febrero de 2014

El demonio en la vida de Santa Teresa de Lisieux: "La extraña enfermedad".


Declaraciones de testigos en el Proceso de beatificación y canonización de Santa Teresa de Lisieux con respecto a la extraña "enfermedad" a la edad 10 años. 
De Pascua a Pentecostés de 1883




Su prima Marie declaraba así:

“La Sierva de Dios -dice-, estaba en casa de mis padres, por ausencia del suyo, cuando se declaró la enfermedad que padeció a los diez años. Comenzó el mal por temblores violentos que, al principio, hicieron creer fuera fiebre. Después se manifestó, con la depresión, un estado de semialucinación que le hacia ver diferentes objetos o las actitudes de aquellas que la rodeaban bajo formas terroríficas. En el período más intenso, padeció muchas crisis motoras, durante las cuales realizaba movimientos rotatorios de todo el cuerpo de que no hubiera sido capaz absolutamente estando sana. El médico, Dr. Notta, no se pronunció claramente sobre la naturaleza. Mi padre,(por el  Dr. Francis La Neele) que por su profesión y sus estudios era muy experto en el conocimiento de sus enfermos, no podía resolverse a ver tan solo una enfermedad natural. Veía una acción del demonio”.


Teresa sostiene una cuerda para saltar en sus manos. 

  

Sus hermanas Léonie, Céline y Marie decían de estos sucesos:

" Los ojos, tan serenos y dulces, tenían una expresión de espanto, imposible de des­cribir. Su rostro estaba pálido y transparente. Los rasgos dolorosamente contraídos. 

Se erigía sobre la cama, y poniendo su cabeza ante sus pies ejecutaba una voltereta que muchas veces la arrojó brutalmente contra el suelo por encima de la balaustra­da de la cama· Por último se advierte la gran agitación de pies a cabeza: Comenzó por temblores violentos. 


 Frecuentemente era empujada por una fuerza desconocida a precipitarse por la cabece­ra de su cama contra el pavimento ... Se ponía, de repente, de rodillas, y sin ayudarse de sus manos, que se apoyaban sobre la cama, intentaba hacer llegar los pies adelante. 

Tomaba sobre la cama actitudes y ejecutaba movimientos de una gimnasia extraña ... Una vez se arrojó contra el suelo por encima de la balaustrada de la cama sin hacerse el menor mal. 

No podíamos dejarla sola. 

Un día que me ausenté por unos instantes tan sólo, aprovechó mi ausencia para arrojarse contra el suelo por encima de la cabecera de la cama. Al volver quedé aterrada, pero no se había hecho ningún daño.

 Cuando se declaraban las crisis convulsivas quería precipitarse por encima de la baranda de la cama y nos veía­mos precisadas a sostenerla. 

Además de estos movimientos rotatorios que la arrojaban contra el suelo, experimentó otra forma de accesos, directamente suicidas, manifestados en los violentos golpes que se daba con la cabeza contra la cabecera de la cama .


Se golpeaba la cabeza contra la madera de la cama, como para matarse". 


"A todo esto se juntaban gritos estremecedores. Los testigos los calificaban de -desgarra­dores, que helaban a quienes los oían. Lanzaba gritos aterradores que tenían algo de sobrenatural; había que haberlos oído para darse una idea"

Celine y Leonie Martin (hermanas de Teresa), con sus primas Jeanne y  Marie Guerin. Tom, se metió en la imagen también, el perro de Teresa.


 

¿Cómo fueron las alucinaciones de Teresa? 


Todas fueron presididas por estas palabras de la Santa, que son esenciales en esta “enfermedad”:

“Decía cosas que no pensaba, casi siempre parecía estar delirando, y, sin embargo, estoy segura de no haber estado privada un solo instante del uso de la razón”.


Las alucinaciones de Teresa se  transforman los objetos que tiene ante sí. La Santa tiene abiertos los ojos, y aquello que ve se transforma en imágenes horrorosas. 


«Los objetos más insignificantes tomaban a sus ojos la forma de monstruos horribles. Algunos clavos de las paredes de la habitación se le aparecían de repente como grandes dedos carbonizados, y exclamaba: ¡Tengo miedo, tengo miedo! «Los clavos de las paredes tomaban a su vista formas horribles que le causaban espanto. Con frecuencia no reconocía a los suyos. Sobre todo una tarde se espantó tremendamente, al acercarse su padre teniendo el sombrero en la mano. Ese objeto le pareció una bestia terrible”.

Con razón han calificado sus hermanas estas crisis, como «crisis de terrores extraordi­narios”. 


“Llegado el mal a su estado agudo, se manifestó mediante crisis de terror que se declaraban, inopinadamente, a causa de fútiles circunstancias, con frecuencia varias veces al día”. “Eran crisis de terror con visiones horribles”. “Las crisis se sucedían sin interrupción”.

 
No puede negarse la existencia de una causa preternatural (Que excede las capacidades de la naturaleza humana) en la enfermedad de Teresita. 


Todos los Santos, desde Job a Jesús y de Jesús hasta hoy, han experimentado, de un modo u otro, la interven­ción de Satanás. 


El hombre es algo más que materia, es espíritu. Y el espí­ritu y la materia constituyen, los dos, sustancialmente unidos, el hombre. Mutuamente repercuten los fenómenos corporales en el espíritu, y los es­pirituales en el cuerpo.
 

Además, el demonio tiene poder para influir en el cuerpo, supuesta siempre la permisión divina. 

 
El demonio es impotente para privar del co­nocimiento, de modo que la persona conserva su libertad interna, aunque no la externa.
 

Así se explica cómo uno puede darse cuenta perfecta de cuanto le ocurre, y, sin embargo, ver a su cuerpo juguete del demonio. 


«Decía cosas que no quería decir -testimonian sus hermanas- y perdía aparentemente el uso de los sentidos, pero sin embargo no estuvo un solo instante privada de su razón… y que cuando parecía privada del sentido, oía y comprendía cuanto se decía en torno suyo”. 


La propia Santa, afirma ro­tundamente, con solemnidad inusitada en ella: «(…) decía y ha­cía cosas que no pensaba; casi siempre parecía delirar diciendo palabras sin sentido, y sin embargo estoy segura de no haber estado privada un solo instante del uso de mí razón. Frecuentemente parecía desvanecida sin hacer el más li­gero movimiento. Entonces, me habría dejado hacer cuanto hubieran que­rido, incluso matarme. Con todo yo oía todo lo que decían en torno mío, y toda­vía me acuerdo de todo ello ... » 


“Oía claramente -en plena exaltación o depresión- ­cuanto se hablaba en mi derredor, aunque fuese en voz baja”


Así Teresa pudo oír cómo su familia no tenía ya otra esperanza de curación que la de obtener un milagro. 

 Teresa en el Carmelo 1889

 
Explica la misma Teresa la causa preternatural de su enfermedad con exactitud más propia de un teó­logo, distinguiendo maravillosamente los po­deres del ángel caído, limitados a lo exterior del alma: «Creo -escribe en 1895- que el demonio había recibido poder exterior, pero no podía acercarse a mi alma ni a mi espíritu, si no era para inspirarme terrores grandísimos» 


He ahí toda su enfermedad y su causa. La Santa se siente juguete del demonio. líneas antes escribía con aplomo insólito en ella: “No sé cómo describir tan extraña enfermedad. Ahora estoy persuadida que era obra del demonio”.
 

“La enfermedad, de que fuí herida, venía ciertamente del de­monio”.


*  Frecuentemente era empujada por una fuerza desconocida a arrojarse contra el suelo.


*  Decía cosas que no quería decir.


*  El demonio había recibido poder sobre ella.


*   Sufría violencia en sus sentidos.


Todavía existe una prueba muy convincente para estar seguro de que la Santa estaba en posesión de sus facultades superiores. Son los escrúpu­los, que, a su vez, son señal de obsesión diabólica. 

Afirman los místicos: estos casos de obsesión resultan una fuente de escrúpulos para las personas así atormentadas en el cuerpo


Los Santos conservan el conocimiento y las bridas de la voluntad en los ataques del demonio. 

Este privilegio, que el enemigo tendrá siempre que respetar, es causa de cavilaciones, que su­ponen viva luz de la inteligencia y la posesión de la voluntad. Teresa tuvo escrúpulos de haberse fingido enferma. ¿Las palabras, las acciones, los ges­tos procedían de verdadero malestar o los fingía ella, puesto que se daba cuenta de todo?

"No sé cómo describir una enfermedad tan extraña -escribe la Santa-. 
 
Ahora estoy persuadida que era obra del demonio, pero mucho tiempo des­pués de mi curación creí que yo había hecho adrede por estar enferma, y esto fué un verdadero martirio para mi alma».


extractado en el trabajo del Padre Barrios Moneo C.M.F.  UN PROBLEMA OSCURO EN LA INFANCIA DE TERESA DE LISIEUX. ¿HISTERIA O DIABLO?


jueves, 6 de febrero de 2014

¿El demonio puede provocar enfermedades en el cuerpo? 

 




Ante todo hay que dejar bien claro que las enfermedades aparecen por causas naturales. Pensar que las enfermedades tienen su causa en el mundo de los espíritus sería como querer regresar a un estado precientífico donde la razón sería sustituida por el mito. Ahora bien, si los demonios existen tampoco se puede descartar absolutamente que ellos puedan actuar alguna vez en este campo. Las reglas generales son como su nombre indica generales, pero nada impide que sucedan hechos especiales, por muy raros que éstos sean. Normalmente del cielo llueve agua, o cae nieve o granizo, pero alguna vez también cae del cielo un meteorito.

Así también de forma extraordinaria e inusual Dios puede permitir que un demonio provoque una enfermedad. De hecho, San Lucas menciona expresamente el caso de "una mujer, que desde hacía dieciocho años padecía una enfermedad producida por un espíritu, y estaba encorvada" (Lc 13,10-14). De esta mujer no se dice que estuviera endemoniada, pero sí se dice que el demonio era la causa de esa enfermedad. Esa afirmación es categórica en el Evangelio. A esto podemos añadir el caso de la muerte de los esposos de Sara en el libro de Tobías causada por el demonio Asmodeo (Tob 3). 


Santa Teresa de Liseaux escribió un capítulo muy interesante al hablar de su vida:

La enfermedad que me acometió provenía, ciertamente, del demonio. Furioso por vuestra entrada en el Carmelo [la de su hermana] quiso vengarse en mí de todo el daño que nuestra familia había de causarle en el futuro, pero no me hizo casi sufrir; pude proseguir mis estudios, y nadie se preocupó por mí. Hacia finales de año me sobrevino un continuo dolor de cabeza. (...)Esto duró hasta la fiesta de Pascua de 1883. (...) Al desnudarme, me sentí invadida por un extraño temblor. No sé como describir una enfermedad tan extraña. Hoy estoy persuadida de que fue obra del demonio. (...) Casi siempre parecía estar en delirio, pronunciando palabras sin sentido. (...) Con frecuencia parecía estar desvanecida, sin poder ejecutar el más mínimo movimiento. (....) Creo que el demonio había recibido un poder exterior sobre mí, pero que no podía acercarse ni a mi alma, ni a mi espíritu, si no era para inspirarme grandísimos temores de ciertas cosas". (Historia de un alma, cap.III)







Unos meses después de la ida al Carmelo de su hermana Paulina, Teresa cae gravemente enferma. En diciembre de 1882, Teresa comienza a sentir dolores de cabeza y del costado del lado del corazón, pánico, obsesiones, alucinaciones y ataques violentos. De pronto, el 25 de marzo de 1883, Teresa se pone muy grave. Su tío farmacéutico se siente muy preocupado. El doctor Notta dice que es muy grave y prescribe hidroterapia, continuos baños de agua, los que no producen ningún efecto. Su hermana sor María del Sagrado Corazón, dirá en el Proceso Proceso de beatificación y canonización: 
"A fines de marzo de 1883 Teresa permaneció en un estado lastimoso.
Sufría varias veces por semana crisis de terrores tan extraordinarios, que el doctor Notta afirmaba no haber visto nunca un caso semejante. Yo le oí confesar a mi padre su impotencia médica. Le oí incluso decir: “Désele el nombre que se
quiera a esta enfermedad, pero para mí no es histerismo”. Los objetos más insignificantes cobraban a sus ojos forma de monstruos horribles, y lanzaba gritos de terror. Frecuentemente, se sentía impulsada por una fuerza desconocida a precipitarse de cabeza contra el pavimento desde la cama. Otras veces, se golpeaba violentamente la cabeza contra la armadura del lecho. A
veces, pretendía hablarme, y ni el menor sonido salía de su garganta: sólo articulaba las palabras, sin llegar a pronunciarlas
Una particularidad que me impresionó mucho fue que, en varias
ocasiones, bajo esta influencia que juzgo diabólica, Teresa se ponía de repentede rodillas, y sin ayudarse con las manos, apoyando
la cabeza contra el lecho, intentaba empinar las piernas. Ahora bien, en esta actitud, que forzosamente debería destaparla, permanecía siempre modestamente cubierta, con gran
asombro mío: no pudiéndome explicar este hecho, yo
lo atribuía a una intervención del cielo. 
En los intervalos de las crisis, la niña aparecía en un estado de
agotamiento. Creí entonces que iba a morir. Viéndola agotada en aquella lucha, quise darle de beber, pero ella gritó, presa del terror: “¡Quieren matarme! ¡Quieren envenenarme!”
Unos clavos sujetos en la pared de la habitación se le aparecían de
repente bajo la forma de unos gigantescos dedos carbonizados, y gritaba:
“¡Tengo miedo, tengo miedo!”. 
Sus ojos, tan tranquilos y dulces, cobraban una
expresión de terror imposible de describir. 
En cierta ocasión, mi padre fue a sentarse junto a su lecho; tenía el
sombrero en la mano. Teresa le miraba sin decir una sola palabra, pues hablaba muy poco durante su enfermedad. Luego, como siempre, en un abrir y cerrar de ojos, cambió de expresión. Su mirada quedó fija en el sombrero, y lanzó un lúgubre grito: “¡Oh, la gran bestia negra!”. Sus gritos tenían algo de sobrenatural; habría que haberlos oído para hacerse una idea. 
Un día en que el médico se hallaba presente en una
de estas crisis, le dijo a mi padre: “La ciencia es impotente ante  estos fenómenos, no hay nada que
hacer”
Fue entonces cuando, con mis hermanas, me arrojé a
los pies de la Santísima Virgen. Por tres veces repetí la misma oración. A la tercera, vi que Teresa fijaba los ojos en la estatua de la Santísima Virgen. Su mirada aparecía radiante y como en éxtasis. Me confió que había visto a la misma Santísima
Virgen. Esta visión duró cuatro o cinco minutos; luego su mirada se fijó en mí con ternura. Desde entonces, no quedó huella alguna de su enfermedad. 
A partir del día siguiente, reanudó su vida ordinaria ". 

jueves, 30 de enero de 2014

Reglas que se han de observar con los endemoniados que se exorcizan


RITUAL DE 1614 SOBRE EL EXORCISMO

 Título XI Capítulo 1 

 

Reglas integradas en el Ritual romano 

 

Reglas que se han de observar con los endemoniados que se exorcizan  

El texto de 1614 sólo ha sufrido modificaciones muy ligeras en 1926, bajo Pío XI, y en 1952, bajo Pío XII. 

 

 
El gran exorcista platense Padre Carlos Alberto Mancuso exhibiendo el Ritual de 1614





l. El sacerdote encargado, por autorización especial y expresa de su ordinario, de exorcizar a las personas atonnentadas por el demonio debe tener la piedad, la pru­dencia y la integridad de vida que requiere su función: confiando no en su fuerza, sino en la de Dios, ajeno a toda búsqueda interesada de bienes humanos, que cum­pla una obra tan santa por caridad, con constancia y humildad. Es conveniente ade­más que sea de edad madura, y respetable no sólo por su oficio, sino también por la dignidad de sus costumbres. 



2. Así pues, para que realice correctamente su misión, aplicándose a sacar de los autores experimentados otras enseñanzas que le serán útiles -que aquí por brevedad se omiten-, observará cuidadosamente algunas nornas, más necesarias, que aquí se indican. 



3. Ante todo, que no crea fácilmente que alguien está poseído por el demonio, sino que conozca bien los signos que penniten distinguir un poseso de los enfermos, par­ticulannente los enfennos psíquicos. Ahora bien, las señales de una posesión demo­níaca pueden ser1: decir una larga serie de palabras en una lengua desconocida, o comprender al que las dice; revelar cosas distantes o secretos; mostrar fuerzas supe­riores a las de su edad o de su constitución natural -y otros hechos de este género que, cuando coinciden, constituyen síntomas mucho más fuertes.



4. Para aumentar su saber en esta materia, después de uno o dos exorcismos pregun­te al poseso qué es lo que ha sentido en su alma o en su cuerpo, a fin de saber tam
bién qué palabras conturban más a los demonios, a fin de, en adelante, inculcarlas con más fuerza y repetírselas más a menudo. 



5. Advierta qué artificios y qué fingimientos utilizan los demonios para engañar al exorcista: tienen en efecto la costumbre de dar, lo más posible, respuestas engaño­sas y de mostrar dificultad en manifestarse, para que el exorcista, agotado por los lar­gos esfuerzos, termine por renunciar; o para que parezca que el paciente no es atormentado por el demonio. 



6. A veces los demonios, después de haber sido desenmascarados, se ocultan y dejan al cuerpo en apariencia liberado de toda importunidad para que el enfermo se crea completamente liberado; pero el exorcista no debe cesar hasta constatar señales de la liberación. 



7. A veces los mismos demonios ponen delante del enfermo todos los obstáculos que pueden para que éste no se preste a los exorcismos, o bien tratan de convencerle de que su enfermedad es natural; a veces durante el exorcismo hacen dormirse al enfer­mo y le hacen asistir, en una visión, a su propia retirada, de" manera que el enfermo se crea liberado. 



8. Algunos indican la naturaleza del maleficio, sus autores, y el modo de suprimirlo: pero que evite recurrir, por esto, a magos, a hechiceros, o a cualquier otro fuera de los ministros de la Iglesia; y que no utilice, tampoco, ningún otro procedimiento supersticioso, ni ningún otro medio ilícito. 



9. Algunas veces el diablo permite al enfermo estar en reposo y recibir la santa Euca­ristía, para hacer creer que se ha marchado. Finalmente, innumerables son los artifi­cios y fraudes del diablo para engañar a los hombres; el exorcista debe estar muy en guardia para no caer en el engaño. 



10. Que se acuerde de la palabra de nuestro Señor: "Hay un género de demonios que son arrojados si no es por la oración y el ayuno" (Mt 17,20); que tenga cuidado de emplear, con preferencia a todo, estos dos remedios para obtener la ayuda divina y lanzar a los demonios, siguiendo el ejemplo de los santos padres, en la medida de lo posible, bien asumiendo él mismo estas prácticas, bien recomendándolas a otros. 



11. El exorcismo, hágase en una Iglesia, si es posible o en otro local religioso y con­veniente a donde sea llevado el energúmeno, apartado de la gente, para ser exorci­zado, pero si está enfermo, o por otra razón honorable, podrá ser exorcizado en una casa pri vada. 



12. Exhórtese al poseso, si su espíritu y su cuerpo tienen capacidad para ello, que ore a Dios por sí mismo y que ayune y recurra a la ayuda de la santa confesión y santa comunión, con frecuencia y de acuerdo con los consejos del sacerdote; durante el exorcismo, recójase profundamente, vuélvase hacia Dios y, con una fe firme, con toda humildad, implore su salud. Y cuando aumente la violencia de los tormentos, que lo soporte con paciencia, sin dudar en ningún modo de la ayuda de Dios. 



13. Dirija la mirada al crucifijo. Cuando pueda tener también reliquias de santos, después de haberlos ligado de manera conveniente y segura, y haberlos recubierto con un velo, acérquelos con respeto al pecho y a la cabeza del poseso; pero que atienda cuidadosamente a que estas cosas sagradas no sean tratadas de manera indig na, ni que no les haga el demonio ninguna injuria. En cuanto a la santa Eucaristía, que no se la tenga sobre la cabeza del poseso, ni se la acerque de alguna otra mane­ra a su cuerpo, por el posible peligro de irreverencia. 



14. Que el exorcista no se extienda en hablar mucho; que no haga preguntas super­fluas o de simple curiosidad, especialmente sobre el porvenir y sobre secretos temas que no están relacionados con su función; sino que ordene al espíritu inmundo callar­se y responder sólo a lo que se le pregunta; y que no crea el demonio ni finge ser el alma de un santo o de un difunto, o un ángel bueno. 



15. Hay que preguntar por el número y el nombre de los espíritus que habitan en el poseso, sobre el momento de su entrada, y otras indicaciones de esta naturaleza. Pero en cuanto a todo lo demás, burlas, risas, inepcias del demonio, debe cortarlo el exor­cista o tratarlo con desprecio y tengan advertidos a los asistentes, -que deben ser poco numerosos- de hacer caso de ello y no preguntar ellos mismos al poseso, sino más bien, humildemente y con todas sus fuerzas, pedir al Señor por él. 



16. Efectúe las prácticas y la lectura del exorcismo con firmeza y autoridad, con mucha fe, humildad y fervor; y, cuando vea que el espíritu es vivamente torturado, que insista entonces y que le presione más. Y cuantas veces vea al poseso sufrir en cualquier parte de su cuerpo una conmoción o un pinchazo o alguna hinchazón apa­recer aquí o allí, haga en ese sitio la señal de la cruz y una aspersión con agua ben­dita, que debe entonces tener a mano. 



17. Observe también qué palabras provocan en los demonios más estremecimiento y repítalas varias veces; y cuando llegue a la fase de las amenazas, pronúncielas dos veces y más, aumentando siempre el castigo anunciado: si constata entonces progre­sos, persevere en ello, durante dos, tres, cuatro horas, incluso más, en la media de sus posibilidades, hasta conseguir la victoria. 



18. Absténgase el exorcista de dar o de aconsejar cualquier medicamento al enfermo poseso; este cuidado déjeselo a los médicos. 



19. Si exorciza a una mujer, que esté siempre acompañado de personas virtuosas para sujetar a la posesa en los momentos en que es agitada por el demonio; que estas per­sonas, además, si es posible, sean los pacientes más próximos de la paciente; no olvide el exorcista la decencia, y cuídese de no decir ni hacer nada que pueda ser para él, o para otros, ocasión de pensamientos deshonestos. 



20. En el exorcismo, use palabras de la Sagrada Escritura, más que suyas, o de otro. y ordene al demonio decir si está retenido en ese cuerpo a consecuencia de alguna acción mágica o por talismanes o instrumentos maléficos -y, si el poseso los ha tra­gado, que los vomite; o bien, si estos objetos se encuentran en otro sitio, fuera de su cuerpo, que revele el lugar; y, una vez encontrados, quémense. Exhórtese también al poseso a manifestar al exorcista todas sus tentaciones. 



21. y si el poseso ha quedado liberado, adviértasele que se guarde que se guarde con esmero de los pecados, para no ofrecer ocasión al demonio de volver a él, no sea que el nuevo estado de este hombre sea peor que el anterior.




31. La edición de 1926, después de la revisión de Pío XI hablaba todavía de melan­colía (atrabile) y decía: "Las señales de la presencia del demonio SON". La última edi­ción ha matizado: "PUEDEN SER".

miércoles, 29 de enero de 2014

Summa Daemoniaca Cuestión 123

¿Qué hacer en caso de absoluta ausencia de exorcista?.


Alguna que otra vez me han preguntado qué se debía hacer si había una absoluta ausencia de un sacerdote por encontrarse por ejemplo en territorio de misión. Al principio trataba de capear la pregunta con respuestas del tipo: hay que conseguir llegar hasta un sacerdote. Pero los años han presentado ante mí situaciones que me han dado a entender que efectivamente hay situaciones en las que no hay posibilidad alguna de hacer llegar al poseso hasta un sacerdote. Y situaciones en que si el sacerdote llega, va a tener trabajo acumulado de años como para dedicar horas y horas a un exorcismo.

Para esos casos completamente excepcionales en los que se de una absoluta imposibilidad de poder obtener una ayuda ordinaria de la Iglesia, los cristianos que haya allí deben reunirse y rezar la siguiente oración, el siguiente exorcismus missionalis:

Señor, Dios todopoderoso, misericordioso y omnipotente, 
Padre, Hijo y Espíritu Santo, 
expulsa de él toda influencia de los espíritus malignos.
Padre, en el nombre de Cristo te pido 

que rompas toda cadena que los demonios tengan sobre esta persona.

Derrama sobre él la preciosísima sangre de tu Hijo. 

Que su sangre inmaculada y redentora quebrante toda atadura 
que exista sobre su cuerpo y su mente.
Todo esto te lo pedimos por intercesión de la Santísima Virgen María. 

San Miguel arcángel, intercede, ven en su ayuda.

En el nombre de Jesús ordeno a todo demonio 

que pueda tener alguna influencia sobre él, que salga para siempre. 
Por su flagelación, por su corona de espinas, 
por su cruz, por su sangre, por su resurrección, 
ordeno a todo espíritu maligno que salga.

Por el Dios verdadero, por el Dios santo, 

por el Dios que todo lo puede, 
te ordeno demonio inmundo que salgas 
en el nombre de Jesús, mi Salvador y Señor. Amén.

Esta oración debe ser repetida cada día, durante un tiempo que puede variar de unos minutos a un cuarto de hora o media hora o incluso más tiempo. Las oraciones a Dios pídanse con humildad, el mandato al demonio hágase con el tono de una orden. Gritar no tiene más efecto. Si el demonio no se agita al repetirla, récese el rosario allí en grupo en voz alta. Acabado el rosario vuélvase a repetir la oración durante un rato. Si vuelve a no dar signos de agitación, vuélvase a rezar otro rosario. Lo ideal es proseguir así durante mucho tiempo.

Esta oración, junto al rezo del rosario, tiene la ventaja de ser una oración breve unida a un sistema sencillo de exorcizar que se puede usar también, haciendo ligeras acomodaciones, para los casos de infestaciones. Incluso, si no es un caso de posesión, la persona lo puede usar para liberarse de influencias que provengan del demonio. Pero no es una oración de protección, sino de expulsión. Y por tanto debe ser usada sólo por personas que sin ninguna duda tengan ese tipo de disturbios para los que está pensada.

En cada caso habrá que hacer en la oración los cambios pertinentes. Por ejemplo, donde se dice expulsa de él toda influencia de los espíritus malignos, habrá que decir expulsa de esta casa toda influencia... Hay que repetir que esta oración está pensada para los lugares de misión, para no dejar desamparados a aquellos posesos para los que la aplicación de las normas generales supondría una desprotección del fiel cristiano.



Las influencias demoníacas



Lo primero que hay que decir es que así como en la posesión es posible llegar a la completa seguridad o al menos a una certeza moral de que una persona está sufriendo ese fenómeno -la posesión-, no ocurre lo mismo con las influencias demoníacas que algunas personas sufren. En el caso de las influencias todo es más etéreo, más difuso y en la mayor parte de los casos de imposible comprobación. Digo en la mayor parte de los casos, porque en otros la conexión causal entre el demonio y unos sufrimientos sí que está más que demostrada.
Es cierto que ha habido casos en que determinadas visiones, pesadillas interminables, problemas aparentemente psicológicos y otras cosas, han probado tener una conexión con la acción del demonio.
En los casos en los que la ciencia médica después de años o meses no logre solución, se puede probar con la oración. Pero siempre teniendo en cuenta que no es posible llegar casi nunca a saber con seguridad si todo es natural o algo tiene que ver con el demonio.
Sin embargo, si la persona orando la oración que aparece más abajo se encontrara cada vez mejor y esta mejoría tuviera un carácter duradero, entonces sería signo de que aquello tenía una causa que iba más allá de la naturaleza.
Una persona que crea estar sufriendo en su cuerpo o en su mente una influencia del demonio que va más allá de lo natural puede decir cada día esta oración:
Señor, Dios todopoderoso, misericordioso y omnipotente,
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
expulsa de mí toda influencia de los espíritus malignos.

Padre, en el nombre de Cristo te pido que rompas toda cadena
que los demonios tengan sobre mí.

Derrama sobre mí la preciosísima sangre de tu Hijo.
Que su sangre inmaculada y redentora quebrante
toda atadura sobre mi cuerpo y mi mente.

Todo esto te lo pido por intercesión de la Santísima Virgen María.
San Miguel arcángel, intercede, ven en mi ayuda.

En el nombre de Jesús ordeno a todo demonio que pueda tener alguna influencia sobre mí,
que salga para siempre.
Por su flagelación, por su corona de espinas, por su cruz, por su sangre, por su resurrección, ordeno a todo espíritu maligno que salga.

Por el Dios verdadero,
por el Dios santo,
por el Dios que todo lo puede,
te ordeno demonio inmundo que salgas en el nombre de Jesús, mi Salvador y Señor.

.............................
Esta oración debe ser repetida cada día, una vez o varias. Más que el número de veces que se reze lo que importa es el fervor y la fe con que se haga. Para ello hay que concentrarse en la oración y pedir humildemente a Dios y ordenar al demonio que salga. En esta oración a Dios se le pide con humildad y amor, al demonio sin embargo se le ordena, sin ira, sólo con fe.
Por supuesto esta oración debe ir acompañada de una conversión en la vida de la persona. Es decir, de nada sirve pedir que se arranque de nosotros una influencia del demonio si seguimos viviendo en el pecado mortal.
La persona que quiera romper con el demonio debe confesarse, ir a misa los domingos y cumplir los diez Mandamientos.


Exorcismo y discernimiento







Don Gabriele Amorth, el conocido exorcista del Vaticano nos habló, en una conferencia, de una cuestión muy importante para la vida de los cristianos, sobre todo en este tiempo en el que luz y tinieblas se contraponen de forma evidente. El tema tratado, "Exorcismo y discernimiento", puede sintetizarse en tres puntos.
 
1. La existencia del demonio. Ante todo hay que encuadrar el problema de la existencia del demonio, cuestionada por un buen número de teólogos racionalistas, los cuales querrían interpretar a Satanás sólo como un mito o un símbolo del mal en general. A estos estudiosos les recordamos la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica: "cuando al final del "Padre nuestro" se dice "líbranos del mal", por "mal" se entiende la persona del Maligno, no el mal en general" (CIC n.2851).
El Papa Pablo VI dijo respecto del diablo: Satanás es un agente perverso y pervertidor…no es sólo un demonio, sino una temible pluralidad. Por tanto, Satanás es persona, más bien, es una pluralidad de personas; comprende todos aquellos ángeles que, habiéndose negado a obedecer a Dios, se convirtieron en demonios, es decir, rebeldes y malditos. Como base de esta doctrina de la Iglesia, es oportuno buscar en la Biblia esos fragmentos donde aflora que la existencia de Satanás está claramente revelada en la Escritura; además, puede comprenderse que hablar del demonio significa hablar indirectamente de Cristo, porque la Biblia afirma que Jesús es el Salvador en cuanto que vino a liberarnos del poder del Maligno. "Satanás es libre, inteligente y con espíritu de iniciativa".
 
2. La acción del diablo. Su actividad principal, que podemos definir como ordinaria, consiste en tentar al hombre para que haga el mal, buscando alejarlo de Dios. Por esto, no es suficiente "creer en Dios" - como de hecho cree el 90% de los italianos - sino que hay que cumplir la voluntad de Dios. "En mis 45.000 exorcismos - explica irónico don Amorth - no he encontrado nunca un diablo que no crea en Dios. Creer no sirve para nada; lo que hay que hace falta es cumplir con lo que Jesús nos pide" (cf. St 2, 14-20; Mt 7,21).
A esta acción tentadora del demonio estamos todos sometidos, y durante toda la vida, como también lo estuvieron Jesús y María; por esto, hay que vigilar, evitar las ocasiones de pecado y, sobre todo, orar, porque solos perdemos la lucha contra Satanás, mientras que unidos con Cristo en la oración la vencemos.


Luego hay una actividad extraordinaria del demonio, que consiste en procurar molestias particulares, excepcionales; esto ocurre a veces por culpa nuestra, pero a veces también ocurre por culpa de otros. Podemos clasificar estos males en 4 categorías, aunque aún no existe entre los exorcistas un lenguaje común para describir los fenómenos demoniacos.

 
* posesión: el diablo entra en el cuerpo humano y se manifiesta con gestos y palabras. En ese caso ha de quedar bien claro que Satanás no puede nunca apoderarse del alma.
 
*vejación: el demonio ataca a una persona con sufrimientos y maleficios, actuando en el plano de la salud, de los afectos o del trabajo. Es un caso muy difícil de discernir porque a menudo estos males vienen de Satanás pero de un modo indirecto, no evidente, hasta el punto de parecer fenómenos naturales. Por tanto, las personas afectadas, a menudo incomprendidas por sacerdotes y obispos que a veces saben poco de estas cosas, buscan ayuda en brujos; y los problemas luego se complican, porque la eficacia de la magia viene del reino de las tinieblas.
Es una ilusión estúpida pensar que la magia blanca, ésa que se realiza teóricamente "con un buen fin" pueda utilizar el poder del Maligno para traer beneficios y eliminar el mal. La magia siempre es negra y maléfica, incluso cuando se presenta como "buena".

 
* obsesión: se trata de perturbaciones que tiene el hombre, que afectan a su serenidad interior, su equilibrio psico-emotivo. Satanás ataca causando turbación, angustia y tormentos íntimos.
 
* infestación: son aquellos maleficios que afectan a las cosas y a los animales. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que se pueden exorcizar también las cosas (CIC n.1673), y en efecto, es necesario a veces exorcizar casas o lugares.
 
Todos estos males particulares, que sin embargo no tienen nunca poder sobre el alma, se reciben por 4 motivos:
 
  • por libre iniciativa del demonio. Dios, en virtud de la libertad concedida a las criaturas, tolera que Satanás obre el mal, aunque el mal no sea la voluntad de Dios. Esto no es tanto un permiso de Dios al mal, como una no-intervención inmediata suya. Los motivos de esta voluntad divina en parte se nos escapan; pero sabemos que Dios tiene el poder de transformar el mal en bien. Muchos santos han sido atacados por posesiones, vejaciones, obsesiones, y se han santificado a través de estas pruebas: Padre Pío, el Cura de Ars, S. Gema… No olvidemos pues el valor de la cruz. Los males satánicos, ofrecidos en sacrificio a Dios, tienen un poder de redención enorme. 
  • por frecuentar lugares peligrosos: magos, astrólogos, grupos satánicos, sesiones espiritistas.
  • persistencia en pecado grave. Con el paso del tiempo, nos "endurecemos" en el pecado y el mal enraíza profundamente en nosotros.
  • maleficios: es la causa más común, abarca el 90% de los casos, y no depende del que recibe los males. "Maleficio" significa un mal hecho con la ayuda del demonio. ¿Quién puede realizarlo? No todos, sino sólo los brujos que están realmente en contacto con el diablo. Hay varias formas de maleficio: hechizo, atadura, mal de ojo… El culpable de estos males es quien ordena el maleficio y quien lo hace.
3. La autoridad que Cristo ha dado a la Iglesia para que expulse a Satanás. Jesús dio este poder, primero a los Doce, y luego a los 72 discípulos; finalmente, lo extendió a todos los creyentes: "éstos son los signos que acompañarán a los que creen: en mi nombre arrojarán los demonios" (Mc 16,17). Hoy, sin embargo, el exorcismo sólo puede hacerlo un sacerdote autorizado por su Obispo, y con el permiso del Obispo del lugar. De todas formas, todos los fieles pueden recitar las oraciones de liberación, para ellos y para otros, sin necesidad de autorización del Obispo, que puede como máximo prohibir la forma pública o el lugar donde estas oraciones se realicen.
El objetivo de estas oraciones es el mismo del exorcismo, o sea, expulsar a Satanás; pero mientras que el exorcismo es la oración oficial y pública hecha en nombre de la Iglesia - y por esto es por sí misma más eficaz - la oración de liberación es siempre una oración privada, la cual, en algunas casos puede dar también grandes resultados. En la época de S. Catalina, de hecho, ocurrió que se le llevaban a ella los casos de posesiones más difíciles: Catalina, que no era sacerdote pero era santa, conseguía liberarlos. Así también S. Francisco, S. Leopoldo Mandic y tantos otros santos, que sin ser exorcistas, liberaron a muchos endemoniados. En líneas generales, el poder de expulsar los demonios depende de la fe y de la oración. 

 
Massimiliano Curletti